El 8 de Noviembre de 1847 Bram Stoker, tercero de siete hermanos, vio la luz en Dublín, Irlanda. Tras una infancia marcada por la enfermedad y la debilidad, ingresó a los 16 años en el Trinity College, donde se graduó en Matemáticas y destacó como deportista. En 1970 se haría funcionario como su padre, mientras que ejercía de manera autónoma los oficios de periodista y crítico teatral.
En 1978 un encuentro con Henry Irving, actor inglés al que admiraba, lo llevó a dar un giro a su vida, convirtiéndose en administrador del Liceo de Londres. Ese mismo año se casó con Florence Balcombe, que había sido amante de Oscar Wilde, y su hijo Noel llegaría un año después. En Londres empezó a escribir de manera continuada. Su primera novela londinense, tras The Primose Path de 1875, fue The Snake's Pass, de 1890, aunque antes había publicado un libro de no ficción, The Duties of Clerks of Petty Sessions in Ireland, en 1879. Sin embargo, el éxito y la fama como autor le llegaron con Drácula, de 1897, que fue un completo éxito y se reeditó en 1900. Con trece novelas escritas, así como varios relatos y otras obras, Bram Stoker murió de agotamiento en abril de 1912, con 64 años.
Drácula
Su obra más conocida, y la que lo llevó a la fama, ha sido sin lugar a dudas Drácula, publicada por primera vez en 1897, y reeditada en edición de bolsillo en 1900. La novela original incluía a modo de introducción el relato El invitado de Drácula, que fue eliminado en las primeras ediciones, y editado de manera póstuma junto con el resto de la novela en 1914. Enmarcada dentro del género de la novela gótica, trasladando la acción al Londres victoriano, esta novela narra el encuentro de dos mundos: El misterioso, antiguo mundo del folklore, representado por el conde Vlad Drácula, y el mundo racional y flemático de la Inglaterra de finales del siglo XIX, cuyo principal exponente es Jonathan Harker.
Stoker se basó para dar vida al mayor y más famoso vampiro de todos los tiempos en un personaje real: El conde transilvano Vlad Tepes, conocido como Vlad el Empalador, por la ligereza con que aplicada este cruel castigo a quienes se oponían a él o a los enemigos vencidos en batalla, y lo que le hizo ganar otro sobrenombre aún más tenebroso, nombre que susurraban los aldeanos cuando estaban seguros de que nadie les oía: Vlad Drakul, el Demonio. De él se decía que acostumbraba a beber sangre humana, que disfrutaba de ejecuciones y torturas como quien lo hace de un concierto u obra de teatro, o que invitaba a sus enemigos a cenas en el transcurso de las cuales los mandaba asesinar. Bram Stoker recogió a este personaje y toda su leyenda negra, y lo convirtió en vampiro, una criatura de la noche que vive eternamente y se alimenta de la sangre de seres humanos. Así nació el mito.
La obra está escrita a modo de recopilación de impresiones de los propios personajes: Diarios, cartas, noticias... Esta amalgama de visiones subjetivas nos adentra en la historia (puesto que lo que leemos nos lo está contando en todo momento alguno de sus protagonistas), y a la vez nos permite obtener una visión de conjunto en la que no nos limitamos a un solo punto de vista. De este modo nos sumergimos en la racionalidad de Jonathan Harker, la pasión de Abraham Van Helsing o la inocente sensualidad de Lucy Westenra, sin olvidarnos de los dos personajes más importantes y desarrollados de la novela: Mina, la esposa de Jonathan Harker, atrapada en medio del horror provocado por el conde y que evoluciona a lo largo de todo el relato, y la inquietante, amenazadora presencia de Drácula, el único personaje principal de la obra que no tiene voz propia.
Todo esto hace de Drácula un máximo exponente no sólo de la literatura vampírica, sino de toda la novela gótica, y del género de terror en general. Es de destacar que, aunque se han hecho centenares (literalmente) de versiones cinematográficas de esta novela, hasta el momento prácticamente ninguna ha conseguido reflejar fielmente la novela, bien sea por carencia de medios o exigencias del medio (Drácula, 1931, de Tod Browning), bien sea por deseo expreso del director de ofrecer una visión distinta (Bram Stoker's Drácula, 1992, de Francis Ford Coppola). Esto, aunque en un principio pudiera parecer algo malo, en realidad resulta una bendición para los amantes de esta novela, porque les permite disfrutar de una inmensa cantidad de visiones distintas acerca de la misma historia.



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